Diablo IV, la excelente secuela de una saga legendaria

¿Conocéis esa sensación de estar esperando el próximo juego de una de vuestras sagas favoritas y que, cuando llega el momento de jugarlo, cumple sobradamente vuestras expectativas? Eso es Diablo IV para mí. Un alivio mayúsculo pues, como quizá muchos sepáis, Blizzard no está en su mejor momento.

Los títulos principales del universo Diablo son siempre muy disfrutables, incluida la tercera parte a pesar de su comienzo irregular. Dejando a un lado el experimento de Immortal centrado en dispositivos móviles, el cuidado visto en Diablo II Resurrected daba pistas de que la compañía iba a apostar fuerte por este universo. Y aquí estamos.

Os adelanto que Diablo IV es un juegazo en mayúsculas, tal como se intuía en las betas que probamos hasta ahora. Es cierto que existen detalles criticables en el mal sentido, como la dichosa tienda de micro-pagos, pero por ahora no afectan a la experiencia. Así que nada, centrémonos en eso… ¡hay mucho que decir!

Lo mejor de ambas precuelas

Diablo IV cinemática nigromante Inarius
Toda la esencia de la saga y un paso más allá para afrontar la situación de Santuario al frente de los humanos

Siento esta nueva entrega como la evolución natural de la saga, un título que toma la experiencia obtenida de éxitos previos y recoge lo mejor de cada uno. Es así como estamos ante el Diablo más inmersivo de todos gracias a su sólida narrativa y maravillosa ambientación de fantasía oscura, recuperando un punto más de esa crudeza tan demandada por los fans.

Se nota muchísimo el esfuerzo de Blizzard por cuidar el aspecto audiovisual hasta un nivel increíble. No soy ningún experto, pero el diseño de sonido del juego me pareció una pasada, sumergiéndonos de lleno en la aventura y regalándonos una banda sonora que firmaría perfectamente como la mejor de su universo.

Como dije, la inmersión me parece la clave de este juego y a ello contribuye la personalización de nuestros protagonistas jugables. Tenemos cinco clases muy bien diferenciadas a nivel visual que podemos retocar en el editor inicial, seleccionando género y aspecto físico, además de la intuitiva transfiguración de armaduras y armas una vez desbloqueadas en el juego.

Mezclando las virtudes de los juegos previos, modernizando la ambientación de la segunda parte y expandiendo el enfoque narrativo de la tercera, vemos como la saga avanza y añade novedades de cosecha propia. Ahora Santuario se siente más vivo que nunca, contribuyendo a ello su nuevo enfoque de mundo abierto.

Recorriendo Santuario

Los escenarios son increíbles y de vez en cuando merece la pena detenerse y echar un vistazo a los detalles

Algo común en los Diablo y ARPG similares es contar con mapas muy amplios plagados de enemigos a los que abatir mientras buscamos a ciegas el camino correcto para avanzar. Si me preguntáis a mí, hace tiempo que lo veo como una estructura de fases obsoleta. Afortunadamente, esta cuarta entrega afina la fórmula y le otorga nueva vida.

Diablo IV es un mundo abierto bastante grande, sí, pero gracias al mapa siempre sabemos llegar al destino elegido, dejando en nosotros la opción de explorar, pararnos a combatir, participar en eventos o realizar misiones secundarias. La única excepción son sus mazmorras, que mantienen esos escenarios en los que encontrar nuestro objetivo «a ciegas», pero rebajando el tamaño de las fases de sus precuelas y centrándose en lo esencial.

Al principio, sin una montura para acelerar los viajes, el mapa podría abrumar por sus dimensiones y la multitud de contenido que vemos para completar. Sin embargo, una vez nos hacemos con nuestro corcel (por la segunda mitad de la historia principal) y entendemos el funcionamiento del sistema de progresión, resulta muy sencillo adaptarse.

Eso sí, a pesar del refinado componente de exploración, debo señalar a los primerizos con la saga Diablo que aquí el principal objetivo es combatir, fortalecer a nuestros personajes y seguir luchando. Los detalles adicionales, como recorrer el escenario a caballo y descubrir su mundo, son siempre a través de mecánicas sencillas que jamás nos alejan del foco de la jugabilidad: las batallas.

Cinco clases contra el Mal

La progresión del personaje cambió su presentación, así como las bonificaciones de leyenda, pero resultan igualmente intuitivas

Lo mejor del juego es el combate y la posibilidad de jugar con hasta cinco personajes de habilidades distintas, encontrando la forma más óptima de progresar con nuestros favoritos para adaptar sus capacidades a nuestro equipo y estilo de juego. Aquí Diablo IV realiza una labor excelente; no es una novedad, sino marca de la casa.

Una de sus mayores virtudes es que desde el principio nos dejan elegir entre dos niveles de dificultad de mundo. La primera es algo básica, pensada para aprender a jugar o simplemente avanzar sin problemas mientras disfrutamos de la historia y las actividades extra. Pero los valientes y veteranos pueden optar por la segunda, que presentará un reto estimulante y bien equilibrado al comenzar.

A mí me encantó sentir tan pronto esa característica peligrosidad de las dificultades elevadas de la saga, por lo menos en solitario. Consiguen que la inmersión se potencie todavía más si cabe, y a ello se suman un montón de jefazos con mecánicas que conseguirán que no paremos quietos ni un momento. En especial los principales, sí, pero también aquellos opcionales que encontramos por el camino.

Todavía no profundicé al máximo en las cinco clases; requeriría muchísimo tiempo, pues cada una puede jugarse de varias formas distintas y experimentar con las diversas opciones es gran parte de la gracia de la experiencia. Lo que sí puedo decir es que todas me parecen muy divertidas de utilizar hasta donde probé. Me apetece subirlas todas y eso ya es meritorio.

Persiguiendo a Lilith

Diablo IV nigromante Neyrelle Vigo cinematica
Todos los personajes, incluso los secundarios, tendrán algo que decir sobre el oscuro mundo de Santuario

Para muchos jugadores de Diablo la campaña es algo secundario, pero en mi caso no es así y la valoro bastante. Es una suerte que Blizzard también pensara de esa forma, porque en esta ocasión la aventura está cuidadísima a nivel narrativo y se corona como la mejor de su saga. Y no me refiero solo a la trama principal; el mimo en la presentación del entorno y sus habitantes se siente en buena parte de sus misiones secundarias.

Me encanta que podamos comprender la crudeza de una vida en Santuario a través de su gente, interesándonos y escuchando cada problema. Son un claro reflejo de las consecuencias de la presencia de Lilith e Inarius al lugar que un día crearon, sumadas a la precaria situación que ya arrastraban de antes. Merece mucho la pena si os gustan este tipo de mundos de fantasía oscura.

En cuanto a la trama principal, nos vemos directamente envuelto en el conflicto con Lilith. A medida que sigamos sus pasos, conoceremos a unos cuantos personajes importantes que se reparten el protagonismo entre ellos, otorgando credibilidad y solidez a la magnitud del problema que afrontamos. En ese sentido, me parece un acierto que se implique a más individuos.

Disfrutamos del regreso de viejos conocidos, hay sorpresas muy agradables, tomamos aprecio a los nuevos personajes, los antagonistas destacan y en definitiva, vivimos una aventura muy digna de uno de los mayores referentes del ARPG. Además, nuestro avatar se involucra bastante, formando parte de la historia con naturalidad e incluso participando en escenas donde verlo en todo su esplendor.

El contenido «Endgame»

Diablo IV nigromante jefe mundo
Hay varias batallas multitudinarias y, por lo menos en sus inicios, resulta muy sencillo encontrar gente

Admito que yo compraría el juego solo por experimentar su historia varias veces con las diferentes clases, pero la abrumadora mayoría de sus fieles jugadores se concentran en el contenido tras la campaña. Y es ahí donde en realidad reside la adictiva fórmula de Diablo que enganchará durante horas en batallas interminables, fortaleciéndonos para seguir combatiendo.

Todavía es pronto para juzgarlo con justicia y solo puedo contaros mi experiencia. Las actividades «endgame» de Diablo IV me están pareciendo muy divertidas, en parte gracias a la estructura de mundo abierto. El contenido a la hora de combatir es similar al que teníamos en otras entregas, sí, pero la existencia de un gran mapa que ir completando lo dota de un propósito del que antes carecía.

Sus múltiples actividades tienen una razón más allá de limpiar zonas llenas de monstruos, pues existen multitud de secundarias que realizar y un escenario enorme lleno de eventos en los que participar cuando queramos, obteniendo recompensas acordes a la magnitud de la tarea. Sí, la fórmula se hará repetitiva a la larga (como siempre), pero lo veo mejor trabajado y es precisamente parte de su encanto: sabes a lo que vienes.

Ya nos avisaron que el nuevo contenido irá liberándose por temporadas de más o menos tres meses entre una y otra, empezando este mismo julio. Mientras esperamos, hay muchísimo que hacer en Santuario. Además, tenemos zonas de jugador contra jugador integradas al mapa, un aliciente extra del que antes carecíamos. La calidad de dicho JcJ (PvP) todavía no podemos juzgarla.

Diablo IV Lilith arte

Valoración final

96/100

Soy feliz, esa es la verdad. Diablo IV resultó ser un gran paso hacia adelante en la saga y una declaración de intenciones de Blizzard que esperemos que mantengan de cara al futuro. No es una revolución del ARPG, pero sí el mejor de su estilo hasta la fecha y, personalmente, espero que me tenga enganchado tanto o más que los anteriores.

Entonces, ¿es perfecto? Pues me gustaría decir que sí, pero no del todo. Ahí está la tienda de micro-pagos estéticos, muy vistosa y dándome mala espina, igual que un pase de batalla del que tendremos detalles próximamente. Por ahora nada escandaloso, pero veremos; Blizzard no es ajena a las malas prácticas en Diablo. Recordemos las subastas con dinero real o la clase del nigromante por 15 euros extra.

Más allá de eso y dejando a un lado detalles subjetivos en la historia que quiero comentar aparte, apenas tengo reproches. Quizá irregularidades en el doblaje español durante ciertos tramos de la aventura principal, donde los personajes cambian el tono o las formas sin ajustarse a lo que está sucediendo en pantalla. Pero eso parece un problema generalizado últimamente.

Y poco más que añadir ahora mismo. Me apetece seguir hablando de Diablo IV, pero lo dejaremos para la serie con spoiler. ¡Santuario nos necesita!

Serie Diablo IV: Prólogo
Acto I
II
III
IV
V
VI
Epílogo

2 comentarios en «Diablo IV, la excelente secuela de una saga legendaria»

    1. ¡Un Diablo no se acaba hasta que tienes todos los personajes al máximo! ¡Y otra vez lo mismo en cada temporada! Jaja.
      Lo de la voz me pasó especialmente con Lorath…

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