Diablo, los orígenes de la saga ARPG de Blizzard

Hasta ahora nunca me sumergí en los orígenes de una de mis sagas favoritas, ni más ni menos que Diablo. Teniendo innumerables horas invertidas en la segunda, tercera y cuarta parte… ¿cómo podía seguir ignorando al que lo empezó todo? Siempre me gusta experimentar por mí mismo este tipo de clásicos y le llegó la hora al que nos ocupa.

En el primer Diablo (que podéis encontrar en GOG) elegiremos entre tres clases: el mago, la pícara y el guerrero. Como en su secuela se utiliza a este último como protagonista canónico, no me lo pensé demasiado. Seleccioné al guerrero, lo llamé «Aidan» y me lancé a la retro-aventura. ¿Y qué tal?

La amenaza en Tristam

Diablo I Tristam Deckard Cain
Solo tendremos Tristam como la ciudad-base, desde donde nos reagruparemos antes de continuar con la mazmorra

La premisa de la trama se sostiene en defender la ciudad de Tristam de los monstruos. Para ello, nos adentraremos en la catedral e iremos descendiendo en su mazmorra hasta alcanzar al último rival, que imagino sabréis cuál es. Es tan básico como eso y los detalles narrativos los encontraremos en unas pocas cinemáticas, conversaciones opcionales y tomos dispersos por el juego.

Pese a que veremos personajes tan icónicos a día de hoy como Cain, Adria o Leoric, sus aportaciones son anecdóticas . Al fin y al cabo, la experiencia no se centra en la trama y apenas recibe atención suficiente como para justificar su aventura. Eso sí, tiene un potencial tan sencillo como efectivo que lo convierte casi en un lienzo en blanco para lo que se desarrollaría más adelante.

Si me preguntáis a mí, Blizzard debería aprovechar toda la experiencia de la segunda, tercera y cuarta entrega (otra más sumando Immortal) para realizar un remake en toda regla. Basándose en los sucesos canónicos que envuelven a Adria, Aidan y el propio Diablo, claro. Quizá jugando también con las historias de villanos secundarios como Lazarus o Leoric, ¿quién sabe?

Lo que tenemos ahora mismo son simples pinceladas en un juego cuya historia se concentraría en un solo párrafo. Visualmente se le notan los años en todos los sentidos, resulta evidente, pero es fácil acostumbrarse. Por ello, experimentar Diablo solo vale la pena si queréis probar los orígenes de su fórmula jugable.

Combatiendo el Terror

Diablo I jefe rey Leoric

Dejando a un lado el pueblo de Tristam, que nos servirá como base, el juego está dividido en cuatro mazmorras con cuatro pisos cada una. O lo que es lo mismo, dieciséis niveles en los que abatir monstruos a golpe de ratón, encontrar botín y completar algún objetivo opcional. Todo ello es lo que nos preparará para el enfrentamiento final.

Lo que peor envejeció es, sin duda, el torpe movimiento en ocho direcciones, que nos jugará más de una mala pasada a la hora de perseguir enemigos que nos ataquen a distancia. Ahí es cuando importará el control de la clase que hayamos escogido. En mi caso con el guerrero, debía recurrir a tácticas tan famosas como esconderme tras un muro y esperar la llegada de la siguiente víctima.

Al final, el título tiene esa esencia tan clásica como sencilla. El verdadero reto reside en escoger la mejor forma de progresar, incrementando las características adecuadas para nuestro protagonista y reuniendo el mejor equipo. ¡Y no me refiero solo al que nos dé estadísticas más altas! En alguna ocasión hará falta un arma contundente para librarnos de esqueletos, y en otra, la resistencia elemental ayudará bastante.

El bucle jugable consiste en avanzar a golpes, conservar los objetos más útiles, vender lo innecesario y resistir a base de pociones. Podemos darle un toque de variedad según lo que elijamos subir, claro; yo incrementé los puntos de magia para lanzar algún hechizo, pero realmente lo único útil para el guerrero era crear tus propios portales. Gracias al limitado inventario, necesitaremos volver a Tristam constantemente para reabastecernos. ¡Y así hasta el final!

Conclusiones

Diablo I arte oficial

Me cuesta recomendaros la experiencia, a no ser que seáis muy fans de Diablo y sintáis esa curiosidad histórica por los orígenes de la saga. ¡En cuyo caso, os animaría a superar el reto de completarlo por vosotros mismos! No es una gesta difícil, alargándose de siete a nueve horas aproximadamente. Pero deberíais tener en cuenta que no es un clásico satisfactorio de jugar por si mismo.

Yo me alegro de haberlo hecho, pues Diablo es una saga muy importante para mí y con este juego empezaría todo, surgiendo de ahí tanto el magnífico Diablo II como una larga serie de ARPG bastante inspirados por los títulos de Blizzard. Admito que lo pasé bien, satisfizo mi curiosidad y afianzó mi amor por la saga. ¡Todo ventajas!

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