Serie Diablo IV Acto VI: Danza de los hacedores

¡Santuario nos espera! Toca seguir la serie de Diablo IV con el Acto VI: «Danza de los hacedores». Y antes de sumergirnos en eso, ahí tenéis todos los capítulos:

«Prólogo: El camino«

«I: Una fe fría y férrea«

«II: Doble giro de cuchillo«

«III: La creación de los monstruos«

«IV: Tormenta en ciernes«

«V: Secretos revelados, destinos vendidos«

«VI: Danza de los hacedores»

«Epílogo: La herida que supuró«

Acto VI: Danza de los hacedores

Serie Diablo IV Acto VI: Danza de los hacedores Inarius Lilith

Tras una parada en Tarsarak donde nos espera Neyrelle, viajamos a Caldeum para reunirnos con Lorath y Donan. En la ciudad llueve sangre y está atestada de cadáveres de caballeros de la Catedral, civiles y los demonios que salen de la Puerta del Infierno que ya abrió Lilith. De camino nos topamos con Inarius, el cual nos arrebata la piedra de alma tras la pésima iniciativa de Lorath al revelarle su existencia.

No queda otra que seguir avanzando por Caldeum, abriéndonos paso con dificultad entre demonios y sectarios. También encontramos a Prava y compartimos parte del viaje con ella y sus caballeros antes de separarnos. Por el camino, el grupo discute el nuevo plan de acción sin la piedra de alma y deciden apostarlo todo a que el protagonista derrote a Lilith antes de que alcance el reino de Mefisto.

Una vez atravesada la Puerta del Infierno, volvemos a encontrar a Prava, esta vez herida y recuperamos la piedra de alma que le confió el ángel. Pese a su hostilidad, Donan decide ayudarla y ella huye del Infierno. Más tarde, gracias a unos pétalos de Lilith, somos testigos de la masacre que sufrieron las fuerzas de la Catedral y cómo el propio Inarius cae ante la hija del Odio, a la que solo consiguió herir.

Lorath decide utilizar una vez más el Ojo Ciego para localizar a la villana y, mientras comenta el plan, un espíritu hiere de gravedad a Donan sin que podamos evitarlo. El protagonista acaba espiando a Lilith a través del Ojo y ella lo detecta, encerrándolo en su propia mente. La demonio ofrece una alianza, pero la rechazamos, así que nos condena a permanecer cautivos ahí para siempre.

O así sería sin la intervención de Mefisto, quien nos ayuda a escapar de la prisión mental. De vuelta con nuestros amigos, somos testigos de la muerte de Donan. Lorath está tocado por la batalla, así que vamos solo con Neyrelle a por Lilith, llegando antes que ella a la Catedral del Odio gracias a Mefisto. Ahí es cuando nuestra compañera decide utilizar la piedra de alma en el Demonio Mayor vulnerable y el protagonista queda atrás para enfrentarse a Lilith.

Tras la intensa batalla, la hija del Odio pierde y se desvanece. Volvemos con Lorath y descubrimos que Neyrelle no está. El Horadrim supone que la chica se adelantó y esperan encontrarla en la Capilla Olvidada. Recogiendo el cadáver de Donan, ambos se disponen a escapar del Infierno.

Opinión general

¡Tremendísimo último episodio! Lleno de cinemáticas espectaculares, escenas emocionantes, una genial ambientación con Caldeum arrasada y el breve viaje por el mismísimo Infierno. Tenemos un montón de jefes, entre los que destaca la vuelta de Duriel, la enorme Ashava y evidentemente Lilith. Poco más podemos pedir.

Sin embargo, aquí estamos para comentar los detalles de la historia, que no son pocos. En este caso, me encantaron la mayoría de cosas. Pero siempre hay excepciones, como la extraña estupidez de Lorath o la desangelada muerte de Donan. ¡Vamos por puntos!

Chapuzas Horadrim

¡No! Lilith no. Os estáis equivocando con eso. La piedra se tiene que reservar para Mefisto, su creador. El demonio mayor. Conocéis sus poderes de manipulación: su Odio ya nos ha envenenado. Hasta Lilith lo teme. ¿Por qué vosotros no?

Neyrelle, exponiendo su visión sobre el problema más acuciante

¡Me parece normal que Santuario esté condenado con protectores así! O mejor dicho, con ese líder. Mirad que aprecio a Lorath por sus imperfecciones, pero es que cada vez la lía más y resulta difícil de entender. En este acto nos arrebatan la piedra del alma por su estupidez; solo la recuperamos de casualidad. Y no olvidemos el tema de utilizar el Ojo Ciego contra Lilith, quien ya nos pilló la última vez; si no fuera por Mefisto, el protagonista acabaría encerrado o se convertiría en un enemigo.

Para agravarlo, tenemos al activo más valioso del grupo, Donan, quien se nos va de forma bastante tonta. Sí, este tipo de muertes deslucidas pueden suceder en el Infierno, pero estamos hablando de un personaje con bastante protagonismo en el juego. Por coherente que fuese dentro de la crudeza de la saga, él merecía una caída más épica. Donan era demasiado bueno para Santuario.

En cuanto a Neyrelle, me parece la más inteligente y sensata del grupo en este tramo. Es ella quien destaca que el mal mayor es Mefisto, y no Lilith. Tiene toda la razón, pero me parece extraño; esa firmeza me parece algo forzada debido a su juventud y experiencias. ¿No es ella la que más debería estar cegada por el «Odio», junto con Donan, ya que ambos perdieron a sus seres queridos por culpa de Lilith?

En el caso de Donan, sabemos que es un buenazo y lo demostró por enésima vez sobreponiéndose al odio y echándole una mano a Prava, a pesar de sus diferencias con ella. Pero sería normal que prefiriese ver a Lilith caer. De los tres, era Lorath a quien le tocaba ser el pilar moral. Y no fue así. ¡Espero que aprendiese de la experiencia! Si sobrevivimos a esto, no es precisamente gracias a él…

Hola, amigo. ¿Te ayudo?

Te salvé en esta lúgubre cueva porque sentí que podrías acabar con Lilith. Y eso es todo lo que quiero. No te mentiré. Llegará un momento en que seremos enemigos. Pero, nos guste o no, ahora nos necesitamos mutuamente para derrotarla.

Mefisto, tras rescatar al protagonista

Aquí desvelamos lo que era ya evidente: Mefisto siguió todos nuestros pasos desde el principio y se aseguró de que avanzáramos por el buen camino. O mejor dicho, por donde a él le convenía. Lo de este acto fue sumamente revelador, ya que sin él nuestro protagonista seguiría encerrado y solo gracias a sus portales evitamos que Lilith consumiese a su padre.

Aun así, está claro que es un enemigo y todo (o casi todo) salió conforme a su plan. Él temía los avances de su hija, ya que cambiarían el orden establecido y lo consumirían definitivamente como Demonio Mayor. Nuestra misión siempre se centró en detener a Lilith, pero solo estábamos cumpliendo las ambiciones de alguien peor.

En realidad, esto es un clásico de Blizzard a nivel narrativo; ¿cuántas veces se supone que nos enfrentamos a quien no debemos, o al menor de los males, para que una nueva expansión nos haga sentir como los idiotas que se equivocaron? Por lo menos, aquí está bien llevado, así que no me importa tanto. Pero la misma táctica constantemente se resiente.

Si nos paramos a analizarlo, Diablo II nos lo presentó como un enemigo más, a pesar de ser uno de los Demonios Mayores. Me parece todo un acierto que la cuarta entrega cuidase la figura de Mefisto, convirtiéndolo en un enemigo interesante también a nivel narrativo. Y a mí me encanta que sea así, ya que solo me parecía icónico en el pasado a base de pura nostalgia. ¡Ahora me dieron más motivos para que me guste!

La estrella de Diablo IV

Serie Diablo IV Acto VI: Danza de los hacedores Lilith muerte

Les hice a los humanos el regalo del libre albedrío, pero, sin un pastor, están perdidos. Afluyen a estos teatros disfrazados de templos, donde unos farsantes los atontan con fábulas de buenos y malos.
Y la gente se somete al espectáculo, deseando creer que la vida es así de sencilla. El mundo, visto con ojos de niño, pero tú sabes que es una ilusión.

Lilith, dando su certera visión de los humanos en Santuario… y los que no son de Santuario

Una de las razones por las que me duele tanto la muerte de Lilith es precisamente por no tenerla de nuevo en un futuro próximo. Por lo menos se nos fue con cierta coherencia, más allá de que seamos nephalem vitaminados. Aquí nuestra enemiga estaba herida y aun así presenta una gran batalla. Mejor que matar Demonios Mayores a pelo, como hacíamos en entregas anteriores con Diablo y compañía.

En su momento nos hizo notar que le haría pagar a Inarius por la muerte de Rathma, ¡y vaya si lo hizo! Su venganza fue brutal, devastando al Padre de Santuario en todos los sentidos posibles. Y esa actitud tan humana la paga con el lanzazo que recibe por parte del ángel, volviendo algo más aceptable su posterior caída.

En este acto vuelve a destacar por sus geniales diálogos, poniendo en vergüenza tanto a Inarius como al resto de humanos de Santuario mientras intenta abducir al protagonista. Algunos tienen paralelismos clarísimos con nuestra propia vida, ¿eh? Nunca sabremos cuál habría sido su plan de lograr el poder de su padre, pero me fascinaría descubrirlo. Es una ilusión frustrada.

Su papel fue increíble, sobrepasó mis expectativas y se convirtió en mi villana favorita de la saga. Las secuelas que vengan lo tienen difícil para poner a otro antagonista a su altura. Solo una última cosa: aprecio cada segundo en el que aparece Lilith, ¡pero se nota que Blizzard también! La cantidad de cinemáticas que protagoniza podría haberse repartido entre los dos actos anteriores, dedicándolas a otros personajes.

¿El último aliento de Inarius?

Serie Diablo IV Acto VI: Danza de los hacedores Inarius

Los Cielos ya no hablan contigo. Tu sitio es el infierno.

Lilith, antes de acabar con Inarius

Cuanto más repaso la historia de Diablo IV, más me gusta Inarius. Es impresionante la forma en que un ser consumido por el pasado es capaz de arrastrar a tantos consigo. Su obsesión con la profecía, atribuyéndosela de principio a fin, resulta comprensible: es la manera que encontró de apaciguar sus remordimientos y buscar su propia salvación volviendo a los cielos. Se aferró desesperadamente a esa esperanza.

Lo que hace Lilith durante su enfrentamiento es revelarle la verdad que él tanto temía y en el fondo ya conocía. Su destino estaba sentenciado, solo que él se negó a aceptarlo hasta el último momento. A la vez que abre los ojos ante esa realidad, es… ¿asesinado? por su antigua aliada y ahora enemiga ancestral. ¡Y de qué forma!

Me encantaría ser testigo de la historia de Inarius en los inicios de Santuario junto a Lilith para poder apreciar el contraste de su caída hasta este punto. Él es una víctima más del Conflicto Eterno y acabó convirtiéndose en la perdición de todos aquellos que creían en él. Al final, era plenamente consciente de que estaba manipulándolos, pues para él Santuario y sus habitantes son abominaciones. Ahí está el destino de la Catedral que lo seguía, formando una lúgubre estampa de sangre y cadáveres en el Infierno.

Lilith tenía razón aquí. De una forma u otra, Inarius acabó mereciendo permanecer en el Infierno. Una conclusión perfecta para la decadencia del ángel, alguien que pese a su aparente muerte, debería seguir teniendo algún tipo de papel en la historia. Y si Lilith le arrancó las alas, quizá no lo mató. ¿Se convertirá en un humano, similar a como pasó con Tyrael, y recorrerá su camino hacia la redención? ¿Tal vez veamos su pasado con detalle algún día? ¡Ojalá y ojalá!

Conclusiones

Serie Diablo IV Acto VI: Danza de los hacedores Mefisto

Muy digno de ser el último del juego; intenso y emocionante hasta el último minuto, regalándonos todas las virtudes de Diablo IV concentradas y potenciadas en este acto final. Lo he jugado unas tres veces y siempre acabo maravillado. De hecho, si no me concentro, se me olvidan un poco algunas torpezas cometidas en los dos actos anteriores.

Lo único que puedo lamentar de verdad es que no le dieran un final más digno a Donan, que era de los mejores personajes que hemos tenido por aquí. Los actos de Lorath, Neyrelle y Mefisto los juzgaremos con mayor acierto cuando sepamos en qué evolucionan; es difícil excusar algunas decisiones del viejo Horadrim. ¡Pero la cosa no acaba todavía!

Lo dejaremos aquí por hoy, ya que es hora de volver a la Capilla Olvidada. ¡Nos veremos en el último, el Epílogo: La herida que supuró!

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