Tails of Iron, la aventura indie «ratsouls»

Llevábamos tiempo sin reseñas en la web y no se me ocurre un modo más original de retomarlas. En esta ocasión abordaremos un título indie de acción en 2D que salió en 2021: Tails of Iron. Ya os aviso que la broma inicial del «ratsouls» no describe con total acierto la experiencia de juego, ¡pero queda divertida!

¿Queréis saber qué me pareció la aventura, jugada a través de Steam? Pues hagamos honor al estilo de Tails of Iron y vayamos directos al grano.

Cuento de Ratas

Los duros inicios de nuestro gobierno en tierra de ratas, plagados de verdades

Con la divertida premisa de vivir la historia de un reino gobernado por ratas, encarnaremos al joven Redgi, el hijo del rey Rattus. Y no pasará mucho tiempo antes de que debamos ejercer nuestras responsabilidades reales. Los dominios de las ratas se verán atacados por un ejército de sus mortales enemigos, las ranas.

Ahí es donde entramos nosotros con Redgi: nuestro deber es enfrentar la amenaza y reconstruir el reino, víctima de los estragos de la guerra. Desde este punto nos ofrecen una historia muy sencilla, pero bien contada, en un mundo que imita con ligereza al medievo y su pizca de crudeza… En localizaciones afines a dichos protagonistas.

Los personajes no hablarán, pero a cambio tendremos a un narrador efectivo, talentoso y muy especial. ¿Recordáis la voz ronca y desapasionada de Geralt de Rivia en sus videojuegos? Efectivamente, escucharemos a Doug Cockle (el actor de voz del brujo) contándonoslo todo durante nuestra aventura.

Y debo destacarlo: le queda genial, con un guion bien escrito, directo y que se permite un poco de humor durante ciertas menciones o secundarias. Si lo unimos al precioso apartado artístico, con una paleta de colores bastante apropiada para el tono de la historia… Para mi gusto, les quedó un cuento precioso.

Estilo «ratsouls»

Tails of Iron mosquito jefe
Encontraremos una buena variedad de jefes, aunque varios de ellos reaprovechan mecánicas de otros ya vistos

Como siempre, la jugabilidad es crucial en su fórmula y en este caso cumple de un modo similar al resto de sus características. Nos encontramos ante una aventura de acción en 2D que no revoluciona nada, pero cada cosa que hace logra convencerme como jugador. Ya lo advierto: se centra totalmente en el combate.

Las batallas en Tails of Iron tienen un punto agradable de desafío, pues debemos reaccionar a distintas señales de los enemigos para saber cuando esquivar, bloquear o contraatacar. Toma cierta inspiración de los «souls», pero no es más que eso. Aquí, por ejemplo, podremos actuar a placer sin depender de barras de energía.

Cada monstruo y jefe que encontramos eleva un poco la complejidad de sus mecánicas, igual que las opciones a nuestra disposición para enfrentarlos. El toque rolero del juego lo centran en la selección de armas y armaduras que iremos adquiriendo, eligiendo cuál equipar según el rival que vayamos a enfrentar y el peso máximo que soporta el protagonista.

Como existen tres modos de dificultad, cada uno elige el que mejor le convenga y su experiencia se verá afectada en consecuencia. Mi consejo: si estáis habituados a juegos de acción que requieran ciertos reflejos, poned directamente el nivel más alto para una mejor experiencia. Ser el rey de las ratas no debería ser fácil.

Tails of Iron arte

Valoración final

82/100

Una aventura de acción breve, divertida y recomendable si te atrae su estilo artístico. La media de 10 horas que nos durará el juego valen la pena y es difícil encontrarle defectos reales. Quizá alguna vez echemos de menos un método de desplazamiento más rápido por el mapa… pero tampoco parece una queja destacable.

De hecho, si debiera pedirle algo a Tails of Iron, sería mayor ambición. Es un juego precioso, todo lo que hace se siente bien e incluso tenemos al actor de Geralt de Rivia narrándonos la historia. ¡Resulta inevitable que se nos haga corta, incluso cumpliendo todos sus retos! Pero esto no es un defecto en si.

Como título indie, nuestro «ratsouls» cumple de sobra y es difícil que decepcione a quien le llame la atención tras ver un par de vídeos del juego o conocer su premisa. Puede que nos quedemos con ganas de más, aunque mejor eso a que alarguen demasiado una propuesta que carece de elementos suficientes como para extenderse.

El juego concluye y cierra su trama, eso está claro. Aun así, siempre queda espacio para una hipotética secuela que nos devuelva al mundo de Redgi. De ser el caso, yo estaré encantado de regresar con mis «camarratas».

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